La peregrinación en furgoneta para llevar a Roma la causa de beatificación de Sebastián Gayá: «Tengo la sensación de haber preparado un regalo para mi madre la Iglesia»
Cuatro días, 4.000 kilómetros en furgoneta, 40 horas de viaje y cuatro peregrinos que transportaban una causa de santidad en cajas. Así comenzó la fase romana del proceso de beatificación de Sebastián Gayá, sacerdote e iniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad junto al laico Eduardo Bonnín y el obispo Juan Hervás.
Tras la clausura de la fase diocesana el pasado 7 de julio en Madrid, presidida por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, los cerca de 27.000 folios que recogen la vida de Gayá y los testimonios de más de un centenar de personas debían llegar al Dicasterio de las Causas de los Santos, en Roma, para continuar el proceso.

La Fundación Sebastián Gayá y el Secretariado Diocesano de Cursillos de Cristiandad en Madrid prepararon cuidadosamente la documentación, que viajó en una furgoneta cedida por Ilde Gómez, cursillista dedicado profesionalmente al transporte de mensajería. Junto a él viajaron sus hijos Ilde y Ana, y el consiliario diocesano de Cursillos, Jaime López-Peñalba.
«Tengo la sensación de haber preparado un regalo pequeño, pobre y humilde para mi madre la Iglesia», explica López-Peñalba a su regreso. Una ofrenda a Dios que recoge «el sacrificio, la entrega y la ilusión» de tantas personas que han contribuido a la causa de Sebastián Gayá. «Así es como se construye la Iglesia, con esa entrega pequeña», añade.
«Voy de cabeza»

Ilde, de 27 años, aceptó de inmediato la propuesta de su padre. «No sé en qué otra ocasión tendré la oportunidad de participar en la causa de un santo, de ir al Vaticano; esto es una cosa muy grande como para perdérmelo», recuerda.
El viaje comenzó el jueves 15 de octubre a las seis de la mañana. Durante el trayecto hubo tiempo para «hablar de todo» e incluso «para aburrirse», relata López-Peñalba, que lo resume como «un baño de convivencia».
La llegada al Vaticano fue una experiencia especial para Ilde, que reconoce que nunca habría imaginado entrar con la furgoneta en el recinto, con los militares abriéndoles la puerta.
En el Dicasterio descargaron las cajas y las trasladaron en carritos hasta la tercera planta, donde fueron recibidas y depositadas en el almacén. Ilde se sintió entonces un instrumento al servicio de «la labor pequeña que te toque en cada momento». «Nosotros, que transportamos cosas, en vez de entregar un paquete de Amazon estás entregando una cosa que importa de verdad», afirma.
Espera confiada

En la entrega participaron Alberto Fernández, delegado episcopal de las Causas de los Santos en Madrid; Eva Castrillo y Juan Carlos Arcones, presidentes diocesanos de Cursillos de Cristiandad; Carlos Mora-Rey, postulador de la causa en Madrid; y Ana Rivero, de la Fundación Sebastián Gayá. También viajaron miembros de la comunidad de Cursillos. En Roma les esperaba María Victoria Hernández Rodríguez, postuladora romana de la causa.
A partir de ahora, el Dicasterio estudiará la documentación y los testimonios desde el punto de vista histórico y teológico. En una primera asamblea se discutirá la causa y, si el dictamen es favorable, se presentará al Papa, que podrá declarar a Sebastián Gayá venerable, reconociendo que llevó una vida modélica para los cristianos.

El avance hacia la beatificación dependerá de que se reconozca un milagro. Mientras Roma estudia la causa, en Madrid la tarea consiste en dar a conocer a Sebastián Gayá, mantenerlo presente en la oración y pedir su intercesión.
Ilde, que conoció a Sebastián de pequeño y ha rezado por su intercesión desde su fallecimiento, resume este momento como «un tiempo de espera confiado en que todo seguirá adelante».
¡De colores!
Begoña Aragoneses. Fuente: Archimadrid


