Hola a todos, soy Pablo Rapún, tengo 26 años e hice mi cursillo hace 6 años, donde me encontré con Dios vivo. Desde entonces camino en esta parcela de la Iglesia, compartiendo la fe, la vida y la alegría de vivir pegado al Señor.

Esta Semana Santa, un grupo de jóvenes de la Comunidad hemos sentido una llamada a participar en la Pascua Misionera que organiza Cursillos. La respuesta no podía ser otra que decirle que si.
Al contrario que los dos años anteriores, esta vez hemos ido a Villacastín, Ituero, Labajos y Zarzuela, unos pueblecitos de la provincia de Segovia. El objetivo era claro: ayudar en todo lo posible al sacerdote de la zona, servir a la Iglesia y acompañar a los fieles de dichos pueblos en el Triduo Pascual. Todo ello sin perder de vista lo esencial: que Cristo muere y resucita por amor, para regalarnos la vida eterna.

Este año, hemos tenido la gracia, entre otras muchas cosas, de poder celebrar la Liturgia de la Palabra, contando con la bendición de Don Juan, todos los días en los distintos pueblos, allí donde él no era capaz de llegar, debido a la cantidad de pueblos que tiene por atender. Su entrega silenciosa, y su disponibilidad y amor a la Iglesia han sido un verdadero testimonio de ser apóstol. Ha sido un regalo no solo poder ayudarle, sino también ser instrumentos para acercar a Cristo Eucaristía a tantas personas. Esto me ha recordado constantemente que somos Iglesia y la necesidad de vivir esa fraternidad propia de nuestro kerygma.

Tuvimos también la suerte de recibir la visita de Monseñor Jesús Vidal, obispo de Segovia, otro clarísimo ejemplo de que la felicidad que otorga entregar la vida a Dios no tiene igual. Pudimos ver la realidad de la diócesis, y la gran (y paciente) labor que Monseñor Jesús y el resto de los sacerdotes están llevando allí para sostener y acompañar al pueblo de Dios.

La Pascua Misionera no es un plan alternativo a la Pascua de Jóvenes, es un servicio precioso que el Espíritu Santo ha suscitado a este movimiento para poder llevar a Cristo a sitios nuevos, recordar a la gente (y a nosotros mismos) que la Iglesia está muy viva, y, sobre todo, y especialmente en Semana Santa, que Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado, y este año de forma muy especial en mi vida.

¡De colores!
Pablo Rapún


