Las visitas de las Ultreyas a la Fundación Sebastián Gayá se convierten en una ocasión privilegiada para profundizar en la vida, el testimonio y el legado de quien fue uno de los grandes referentes e iniciadores del movimiento de Cursillos de Cristiandad en proceso de beatificación. A través de estos testimonios, distintas Ultreyas comparten la huella espiritual y comunitaria que les ha dejado este encuentro.
Ultreya de San Pedro Poveda

Soy Rafa Morales e hice mi primer cursillo en 1997. La visita a la Fundación, por la convivencia de la Ultreya de San Pedro Poveda, ha sido una renovación del primer amor. Colarme entre los escritos, fotos y espacios de Sebastián ha reavivado en mí el ardor apostólico. Su vida entregada a la evangelización, a pesar de todas las dificultades, hace que intente vivir mirando la cruz y persevere fielmente en la entrega de cada día. Gracias Señor por su “sí” y por su amor a la Iglesia. Que como dice Sebastián ¡Que yo sea Santo y que lo demás sean mejores que yo!.

Rafa Morales
Ultreya de Delicias

Este curso, en nuestra Ultreya de Delicias, pensamos realizar la convivencia de la Ultreya en torno a la figura del siervo de Dios Sebastián Gayá, y para ello, que mejor que visitar la nueva sede de la fundación que lleva su nombre.
Fue un momento precioso en el que pudimos acercarnos y conocer más a fondo la figura de Sebastián a través de sus objetos personales, escritos y material gráfico, que, entre otras muchas cosas, custodian con cariño y delicadeza los miembros de la fundación en esta nueva sede y, además, acompañados por dos anfitriones espectaculares, que nos contaron con detalle cada historia representada por cada uno de esos objetos. En fin, un auténtico regalo de día vivido en comunidad.

David Gandulla
Ultreya de San Juan Evangelista

El 3 de febrero un grupo de la Ultreya San Juan Evangelista, con gran ilusión, visitamos la Fundación Sebastián Gayá. El tiempo no acompañaba mucho y al final fuimos pocos, teniendo en cuenta que además somos una Ultreya pequeña. Nos encantó. No es muy grande, pero llena de recuerdos curiosos de nuestro iniciador y, además, nos lo explicaron muy bien.
A mí lo que me llamó la atención es la sencillez que se respiraba y la cantidad de manuscritos que tenía, con una letra preciosa y con mucha minuciosidad. Y todo súper ordenado. Un verdadero remanso de paz y una visita muy recomendable para tolos los cursillistas.
Hay que rezar mucho porque la causa siga adelante y podamos ver a nuestro iniciador en los altares.
Un abrazo en Cristo,
¡¡De colores!!

Pilar Rodrigo


