Soy Víctor Ramos y desde que conocí el movimiento de Cursillos el 28 de mayo de este mismo año en mi cursillo 400, mi vida en comunidad dio un gran salto espiritual desde que comencé el camino en mi 4º día con la Ultreya San Pedro Poveda (Las Tablas – Madrid).
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Qué necesario es detenerse. ¡Convivir en familia y en comunidad! Alejados del día a día con las prisas, las responsabilidades y el ruido mundano que vivimos, que nos hace perder fácilmente el norte y olvidarnos de lo esencial: disfrutar de las cosas sencillas que Dios nos pone a nuestro alcance junto a las personas que, conviviendo con ellas durante ese maravilloso día, nos irradia su amor y amistad.
Eso es precisamente lo que viví junto a mi familia y el resto de los hermanos de Cursillos en esta convivencia en plena Sierra de Guadarrama donde se respiraba un verdadero entorno de paz y naturaleza.
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Desde el primer momento, tras nuestra llegada, ya se mascaba en el ambiente al Espíritu Santo que hablaba por cada uno de nosotros y nuestras acciones de confraternización, conociéndonos antes de la celebración de la Eucaristía al aire libre y rodeados de pinos.
En esa inmensidad del paisaje y la calma se siente la grandeza de Dios. Lejos del asfalto y de las pantallas, su voz se vuelve mucho más clara. El silencio del campo, lo convierte en el espacio donde el Señor nos habla directos al corazón y da rienda suelta a vivir rodeado de personas que ¡parece que las conoces de toda la vida! cuando realmente lo hiciste hace un rato.
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Me fui con el corazón renovado y las pilas cargadas. Mucho más enamorado (jajaj si lo podía estar más…) de mi mujer y mis hijas. Con nuevos amigos, lleno de ganas y gracia para compartir con mi entorno del día a día todos los dones que Dios me ha dado.
Esta convivencia me recordó que la fe se vive en comunidad, caminando juntos y sosteniéndonos los unos a los otros. ¡Un verdadero bálsamo para el alma!

¡De colores !
Víctor Ramos








