Testimonio de la vigilia de jóvenes con el Papa

Hola, soy Javier Ortiz, un joven de la ultreya de Santa María Micaela, y me han dado la oportunidad de contaros mi testimonio de lo que vivimos en la vigilia de jóvenes con el Papa.

Yo fui como parte del equipo del grupo de adolescentes que, para el que no lo conozca, es uno de los mayores tesoros de esta comunidad.

Desde la comida en los alrededores del secretariado ya se empezaba a notar la emoción en el ambiente, y es que quedaba muy claro que eso iba mucho más allá de la visita de un señor de blanco, pero eso ya lo veríamos después.

El trayecto hasta el sector fue una mezcla de emociones, con muchos encuentros, saludos y risas durante el camino, pero también con nervios por la espera antes de entrar al sector, y es que no cabía un alfiler entre las miles de personas que esperábamos en la puerta del acceso.

Finalmente entramos. Paseo de la Castellana abarrotado de gente hasta donde alcanza la vista. Música, Rosario, charlas con amigos y, al fin, llegó el Papa. Se desató la alegría como si hubiera estallado una presa, porque, como decía antes, no éramos personas viendo a un señor de blanco, éramos más de 500.000 corazones encendidos por la presencia del sucesor de San Pedro en las calles de nuestra ciudad.

Además del regalo de poder vivir la vigilia rodeado de personas que quiero, me gustaría rescatar un par de cosas vividas ahí. En primer lugar, las palabras de León XIV, que nos encomendaba la misión de ser más humanos y no quedarnos en la superficialidad de las cosas. En segundo lugar, el momento en que me quedé más sobrecogido, que fue el silencio absoluto mientras el Papa oraba ante el Señor expuesto en la custodia. Ese momento hizo que toda espera mereciese la pena, recordando que Dios es mi centro y que, para encontrarlo, lo primero es el silencio

Por último, como dijo el Papa, debo buscar la verdad, y si algo me aleja de Dios es que no es verdad. En ese momento sentí a Dios en ese medio millón de personas, y sé que no fui el único. Lo que vivimos ese 6 de junio en la Plaza de Lima fue verdad y doy gracias al Señor por permitirme vivirlo.

De colores

Javier Ortiz

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