Me llamo Paz e hice el cursillo en el puente de diciembre de 2005. Desde entonces camino en la ultreya de López de Hoyos.

En un Madrid tan necesitado de que volvamos a salir de nosotros mismos, el Señor recorrió las calles ante más de un millón de personas el pasado 7 de junio, de la mano del Papa León XIV. Casi un kilómetro de la Castellana se convirtió en Sagrario viviente durante la Procesión del Corpus Christi. Como recordó el Papa: “Él no permanece encerrado en el templo: camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios y habita los lugares de nuestra vida cotidiana.”


Quienes tuvimos la suerte de participar en esta Eucaristía —con más de 500 sacerdotes concelebrando— escuchamos al Papa insistir en que la religiosidad que vivimos en España debe ser una verdadera Escuela: “que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo; que nos enseña la gratitud del amor; de la que aprendemos que Dios es presencia real y estamos llamados a no huir y a comprometernos.”


No puedo más que agradecer al Papa el esfuerzo de estos días en las calles de Madrid. Me quedo con tres mensajes claros, muy alineados con el carisma de cursillos:
- El protagonista es el Señor. Me maravilló que, tanto en la misa como en la Vigilia del día anterior, el Papa eligiera hablar poco para dejar el centro al Señor.
- La clave está en la fidelidad. Nos pidió no centrar nuestra fe en las grandes celebraciones, sino en la constancia del día a día.
- Constructores de un mundo nuevo. A quienes sentimos pasión por evangelizar, nos anima ver a un Papa que sale de su confort y peregrina por las calles junto al Señor.
Yo participé en la Eucaristía con una amiga alejada de la fe, y pude ver cómo el Señor tocó su corazón en la misa de Cibeles, hasta el punto de querer hacer un cursillo. Ese fue el fruto que vi en mi “metro cuadrado”. No puedo imaginar los que se dieron en los miles de metros cuadrados ocupados por los asistentes, ni en los millones que lo siguieron desde casa, como mi amiga Lau, que no pudo acudir por salud, pero estuvo muy presente en nuestra oración durante la ceremonia.
Y es que se nota que el Papa está alineado con la forma de ver la vida cursillista: sacó al Señor delante de todo Madrid, nos pidió cuidar nuestra relación con Él en lo cotidiano, nos habló de Escuela y nos recordó que, con la gracia de la Eucaristía, podemos transformar la historia y ser signo de esperanza y constructores de un mundo nuevo.

Gracias, gracias, gracias, Papa León XIV, por ayudarnos a seguir encendiendo la llama de Madrid.

DE COLORES
Paz Gil


